Un día mi padre y yo íbamos a ver a la tía Maria, que vive en una casa payesa muy guay en San José, de camino yo le pregunté a mi padre que qué íbamos a hacer en casa de la tía Maria y mi padre me dijo que tenían una inyección muy grande para ponerme a mí... entonces me dio un ataque de histeria de esos que tengo con cierta frecuencia y empecé a llorar y a decir que yo estaba sanísima y que no necesitaba ninguna inyección... Una vez ya en la casa payesa muy guay de la tía Maria me dediqué a pasar desapercibida y a decir poco más que hola para que pasaran de mi y de ponerme ninguna inyección. A nadie le pincharon con nada aquella tarde... y al salir mi padre me miró y me dijo: esto es para que no te fíes ni de tu padre.
Nunca en mi vida me olvidaré de eso. Y aquel día aprendí a eso, a no fiarme ni de mi padre.
Ahora tampoco me fío de mí ni de lo que siento ni de lo que pienso... entonces no sé... no sé si estas permanentes ganas de tenerte al lado, abajo, encima y dentro es que me gustas muchomuchísimo o una simple avarícia que también sufro, como los ataques de histeria, con cierta frecuencia.
Y alivia este dolor, o quítame la vida, con tu boca.
sábado, 13 de junio de 2009
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3 comentarios:
me gusta, es directo como la vida misma. Un saludo
Qué majo tu padre, eh.
Me ha costado bastante más pillar el título que la entrada.
De hecho sigo sin pillarlo, ya ves.
Ah! Vale, ya sé quién es el Choche, èste parece más mono.
¿Y cuando se han metido con él?
Todo me lo pierdo, todo. Después leeré la entrada, Kitty, aunque sé que sólo te interesa lo que te diga Rocket.
Saludos
Lady Pi (3'14)
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