lunes, 8 de agosto de 2011

Calleu, nobles consellers.

- Olga, t'he portat una rosa...
- I jo a tu unes margarides...
- Estava pensant... aquesta es la bona, no?
- Va, calla... i dona'm la mà.

Yo no sé.

J. dice no entender la parte en la que recitan esto de arriba y yo se lo digo al oído con mi voz ronca. Él busca mi mano. En la multitud del concierto, él baja el brazo e intenta rozar mi mano. Yo encuentro la suya y la aprieto. Li donc la mà. Y Dios, la aprieto con tantas ganas de que aquesta sigui la bona, que creo que sólo lo sé yo, pero en alguna parte de mí, sé que él aún me entiende, y de ese apretón succiona un "todavía te quiero y tú lo sabes". A pesar de todo. A pesar de mis llantos, de mis depresiones, de mis pulmones ennegrecidos y de mi apestoso expediente académico.


Luego les cuento a los componentes de Manel que musicaron nuestras primeras citas. He bebido y no sé sacar con palabras el cariño que les tengo a sus canciones sólo por el hecho de que fueron la banda sonora del nacimiento de nuestro amor. Mientras les cuento esto, J. sonríe y me mira un poco alejado con una cara que sólo yo descifro.


Si el paraíso era aquello, imagino que la vida debe ser esto.


Ens ha costat Déu i ajuda arribar fins aquí.

No hay comentarios: