sábado, 28 de enero de 2012
Mi propia voz suena ahora en mi cabeza muy parecida a la de mi madre, repitiendo esa frase que tantas veces le oí llorar "es que yo me quiero moriiiir". Mientras el final del lamento hacía eso, morir, ahogado entre unas lágrimas que nunca probé, por no entenderlas pero que debían ser tan amargas y dolorosas como éstas que ahora tengo yo.
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