P. finge conocer al camarero de esa discoteca horrible y llena de guiris donde hemos ido a parar los tres. El camarero nos invita a chupitos. Y a mi el chupito me hace hipersalivar y de un salto me meto en el lavabo donde hay unas cuantas tías buenas que miran con desprecio mis tejanos. Y me meto en un WC de donde sale una chica con gesto de disculpa, me apoyo en la pared y empiezo a escupir todos los litros de saliva que no necesito, rezando para no vomitar todo el líquido que he ingerido en las últimas horas. Y en ese momento no me importa el cambio climático, ni la desaceleración acelerada, ni el pedo, ni que noten en casa que me he bebido el mediterráneo en vasos largos, la vejez de mi padre, la carrera, el dinero que me he gastado, el SIDA en Brasil. No me importa haberme manchado las bambas, las neuronas que he matado, la futura resaca... Lo único que me importa en aquel momento es el sueldo de la pobre persona ( seguro que no me equivoco si digo que será una mujer) que tendría que limpiar ese baño. Una pasta de papel y orines había llegado al borde del wc sobre el que yo ahora escupía. Y joder, alguien tendría que limpiarlo, alguien con un sueldo de mierda a quien yo habría dado todo mi dinero en aquel momento de borrachera.
Pero no lo hice, y todavía ahora pienso en que la mayoría nos dedicamos a mear y a ensuciarlo todo para que luego venga alguien a ensuciarse las manos con nuestros escupitajos de borrachos.
Qué asco.
domingo, 3 de agosto de 2008
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