martes, 26 de mayo de 2009

Mi corazón, que lo perdí en un mes de mayo.

Yo creo que soy muy valiente, mi cuñado J. siempre me dice "con lo que te ha tocado a ti, que todavía estés medio cuerda y que estés donde estás es que los tienes muy bien puestos, amiga".

Toda la grandeza de mis metafóricos cojones y mi valentía de niña de la selva se fueron a tomar por culo aquella mañana del veintisiete de mayo de 2006 en el que con un "creo que deberíamos dejarlo" en un triste y cobarde mensaje de móvil el que era mi novio hizo que dejara de ser yo para siempre.
Recuerdo pequeños momentos de desconcierto, luego de rabia y luego un "¡será gilipollas!" por parte de mi hermana O. Recuerdo mirar a Evita, que no tenía ni un mes de vida, y tener mucho, muchísimo miedo al verla tan pequeñita, tan frágil y sentía pena por ella al saber que algún día le harían tanto daño como me lo estaban haciendo a mí mientras la miraba dormir tranquilita en el moisés.
Y lloré muchísimo, me escocía la cara, se me peló la nariz por el roce con los pañuelos de papel...
Por la tarde estuve en casa de Montse, que no se creía de ninguna forma que aquello estuviera pasando. Y yo lloraba, lloraba, lloraba.
Por la noche me costó dormir y a las siete de la mañana ya estaba despierta, recuerdo haber bajado al despacho a encender el ordenador nada más levantarme, esperando que hubiera dejado algún mensaje escrito en algún lugar o enviado un e-mail... algo. Nada.

Recuerdo escuchar una y otra vez "I miss you" de Blink 182 y "Golfa" de Extremoduro.
Recuerdo meterme en la ducha llorando mucho, con la cara ardiéndome y los ojos muy hinchados, recuerdo gemidos de dolor mezclándose con el llanto, de dolor físico... porque en aquel momento se me partió el corazón. Literalmente.

Recuerdo salir a la calle pronto por la mañana y comprar Maus de Spiegelman y Hollywood de Bukowski en una librería... lo único abierto un domingo por la mañana. Intenté encontrar la muralla, donde pasábamos tantas horas normalmente, pero no supe encontrarla... maldita forastera. Quería subir a la muralla, pensando que en un ataque de romanticismo (virtud que por supuesto él nunca tuvo) él también subiría... pero no fue así... vamos ni siquiera supe llegar a la muralla.
Por la tarde vinieron sus "no sé cómo he podido ser tan gilipollas", blablabla.

En aquel mayo de 2006, no lo sabíamos pero esta historia iba a repetirse muchas veces más.
A mí se me nubló la mirada, me quedé algo mal de la cabeza y encima se me partió, literalmente, el corazón.


"Te hiciste una mujercita", me dice Andrerro, cuando se lo cuento ahora, con tres años de distancia.


http://www.youtube.com/watch?v=WQtYffns_ss
Extremoduro - Tu corazón

3 comentarios:

dijo...

Tu cuñado Jota parece un buen tipo.

Anónimo dijo...

tu corazon, mitad de coca y de caballo.

Te gusta eso, una montaña rusa brutal, pues eso tienes

kitty_wuuuu dijo...

Sí J., el mejor.

Hola Anónimo, tú que me conoces bien y de toda la vida sabes lo que me gusta, ¿no? y sobretodo si tengo o no el corazón mitad de coca y de caballo o si vivo en una montaña rusa...
A lo mejor eres tú quien necesita una montaña rusa o una noria, (para empezar despacito, que a algunos les cuesta)para dejar de decir gilipolleces.
Vete a sacar al perro, corre.