Qué frío hacía, mi pequeña D., qué frío.
jueves, 22 de marzo de 2012
Aquel invierno...
No sé cómo he llegado hasta ahí, de repente me he dado cuenta de que estaba leyendo aquel lago verde que estuviste escribiendo entre los catorce y los dieciocho. ¿Sabrás que sé que existe? ¿Lo recordarás tú? Mientras leía sólo pensaba que ojalá que no lo recordaras y que no lo volvieras a leer nunca más. Y ahora sin querer me he puesto una de las canciones que escuchábamos con quince años. ¿Por qué me torturo así? Recuerdo tu cara redondeada, ahora afilada. Como la mía. Recuerdo el color y el olor de tu casa en aquel puto final de verano. Joder. Pienso en tu cara redonda de quince años y sólo tengo ganas de abrazarte. Muy fuerte. Que dure para siempre. No puedo hacerme una idea de lo que debieron ser aquellos meses de luz de velas, y yo tan lejos. Cada vez que lo recuerdo se me enfría la nariz, recuerdo aquella sudadera verde de tu padre que usabas tú, y las calles de Ibiza húmedas y nosotras en la calle, solas, pero solas de verdad. Te noté tan mía, me duele tanto que todo aquello me quedara tan jodidamente grande... Es que éramos muy pequeñas, joder... Y encima hoy en Barcelona no ha parado de llover... No sé ni qué coño estoy escribiendo, pero no puedo escribirte a ti y decirte: "eh, he estado leyendo todo aquello que escribiste hace veinte siglos". No. Yo nunca he sabido decir las cosas, ya lo sabes.
Qué frío hacía, mi pequeña D., qué frío.
Qué frío hacía, mi pequeña D., qué frío.
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