
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
Antonio Machado.

Cada curso de la ESO yo soñaba la víspera del primer día que Pilar y Don Pepe palmaban de alguna forma... cruel de mi.
Cada curso de nuestras vidas llegábamos tarde a clase el primer día ( yo todos los días y eso que vivía casi en la misma calle de la escuela) y nos tocaba sentarnos en la asquerosa primera fila, juntas, por supuesto. Pero el juntas duraba lo que tardara la profesora de turno en ver que estábamos juntas y que "eso no podía ser". Entonces cada una a una punta de la clase. Cada una con alguna de las empollonas... las profesoras no lo sabían pero eso era aún peor porque ahora hablábamos de una punta a la otra de la clase y eso era aún más molesto.
Me huelen las manos a mandarina y me he acordado de cuando comíamos mandarinas y tirábamos las pieles hacia las filas de atrás, sin mirar... qué importa.
Creo que nunca me olvidaré de Sor Antonia, de que nos teníamos que levantar y decir "Bon dia tengui" cada vez que entraba y que la jodida de la Elo no se levantaba nunca, en vez de eso se la quedaba mirando con cara de asco... y Sor Antonia ( Sor Pitones para nosotras, porque tenía serpientes debajo del velo) le decía "Srta. Montiel... ¿no se levanta?" y la Elo se acojonaba porque no entendía por qué se sabía Sor Pitones su nombre... y el mío y el de todas... bruja... Cada vez que nos la cruzabamos por los pasillos hacía algún comentario, lo que fuese; la falda era muy corta o demasiado larga o llevábamos los zapatos sucios o el pelo suelto o no le gustaba el color de la cinta del pelo... Tampoco nos olvidaremos nunca de "No puede usted llevar tirantes aunque esté de exámenes". ¿Qué mierda es esa frase? Llegamos a la conclusión de que los tirantes eran algo demasiado provocativo en época de exámenes... sobretodo en una niñita de catorce años.
Don Pepe es otra de las cosas a recordar... "Señoritas... las mujeres sólo sirven para una cosa... y al llegar a los 50 se les acaba el chollo". Mi respuesta a esa frase hizo que Don Pepe me llamara el resto del curso "Señorita Feminista". En mi vida he conocido a nadie que tuviera dentro de sí a partes iguales tantísimo fascismo y tantísima sabiduría... hijo de puta... lo sabía TODO.
Para Fandos, (de informática) éramos moscas cojoneras, para la tutora, Toñi, ( bendita seas dónde quiera que te encuentres) verduleras, para Doña Amelia (una de las mejores cosas que le ha pasado a mi vida) sus pequeñines parvulines, para Juana la Loca ( de mates) proyectos de cate...
Y todos nos recordaban todos los días que éramos el peor curso del mundo de los colegios de monjas, que nos portábamos muy mal y que nadie nos quería venir a hacer clase... Anda que nosotras teníamos muchas ganas de hacer clase con ellos...
Los días de lluvia jugábamos todos en el patio cubierto (yo no supe hasta más tarde que cubierto fuera otra cosa que el nombre de ese patio).
Los días de viento un árbol larguísimo que había en el jardín se doblaba y chocaba contra las ventanas.
Todos los días nos gritaba la Pascuala por los pasillos oscuros cuando íbamos a comprar los bocadillos ( o galletas Príncipe).
Todos los días la Paca olía A SACO a tabaco ( de ahí que la llamaramos Paca Porros).
Todos los junios (junio en Ibiza, señores) nos hacían subir a la catedral con ese uniforme horribleasquerosocaluroso a hacer una misa para celebrar el fin de curso.
Y una vez... y esto aunque nadie se lo crea, ES VERDAD, vimos como la virgen de la capilla movía los ojos de un lado al otro... Jajaja...
La plaza y los naranjos encendidos
con sus frutas redondas y risueñas.
Tumulto de pequeños colegiales
que, al salir en desorden de la escuela,
llenan el aire de la plaza en sombra
con la algazara de sus voces nuevas.
¡Alegría infantil en los rincones
de las ciudades muertas!...
¡Y algo nuestro de ayer, que todavía
vemos vagar por estas calles viejas!
Más de Antonio Machado.
Y este sol de la infancia...
http://www.youtube.com/watch?v=4X-nEaST390
Causa admiración como trabaja el corazón...
Esta parte de la película siempre me recuerda a las clases de Doña Amelia...
Qué desahogo.
1 comentario:
juro que he leído gran parte, pero tengo mil líos con la uni, me parece interesante y vendré a echar los dos ojos a este blog, a ver que cueces por aquí.
a cuidarse
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