domingo, 25 de septiembre de 2011

¿En qué puto momento ha pasado el tiempo? ¿Cuándo me he hecho tan mayor? ¿Dónde ha quedado todo?
Soy incapaz de echar la vista atrás sin ponerme a llorar. No puedo. Me angustio, me hundo.
¿Dónde están las frías, frías, frías mañanas gerundenses? Mis manos congeladas, mi piel agrietada, mi felicidad. Cuando pienso en el pasado, en ese en concreto, lo veo todo como un sueño, como si me lo hubiese inventado, se desdibujan las mañanas escarchadas, mi pelo negro, los árboles de la rambla Xavier Cugat brillantes en los días de lluvia, las canciones de acordeón, las calles de piedra, las películas, yo. Me desdibujo yo. Y parece que cada vez estoy menos, desde que aquellos días pasaron. Si es que pasaron, porque las únicas pruebas que tengo son recuerdos y están dentro de mi cabeza.

Se me doblan las paredes encima, me duele la garganta de llorar. Me veo ahogada, releyendo, reescuchando, revisando todas aquellas cosas que pertenecen a mis quince o a mis dieciséis, la vida se me vuelve negruzca.

Maldito, maldito, maldito tiempo. Ojalá nada hubiera pasado. Ojalá nunca hubiese sido tan feliz.




"Dicen que las princesas son tan sensibles que notan la rotación de la tierra, que si están lejos de su reino se enferman, que hasta se pueden morir de tristeza."


Morir de tristeza.


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